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martes, 27 de septiembre de 2011

Tiempo de crisantemos (capítulo I)


Ilustración de George Grosz 


Yo conocía la respuesta adecuada, pero aquél hombre enfierecido echaba espumarajos por su boca:

-¡Al carajo con las explicaciones! gritaba emborrachado de cólera.

De nada sirve un argumento cabal si tu prójimo tiene la mente sucia y el corazón lleno de ira. Y un revólver en la mano.

Probé con un golpe de efecto:

-Si me quitas de encima a esa tipa pelirroja, no tienes por qué matarme.

El hombre primitivo miró tres segundos el cañón de su Smith and Wesson y otros cuatro o cinco a mi entrecejo y escupió con gesto amostazado:

-¡Cuerpo de tal! ¿ estás dispuesto a hacerte rico de una puta vez por todas?

Ahora sí. Me tenía arrinconado contra las cuerdas. Lancé un gancho de izquierda a su mentón:

-¿Y tú, saco de mierda? ¿ quieres saber tú por qué no me caso yo con una gachí forrada de pasta?