miércoles, 26 de mayo de 2010

AL VIEJO ESTILO V


( capítulo quinto )

Las personas mayores jugaban después de comer al dominó, a la sombra de un tejado de brezo, que cubría un jardín redondo en cuyo centro había una fuente con un surtidor y unos peces transparentes que se decía servían para comerse las larvas de los mosquitos. El jardín se llamaba “Corea”, supongo que por aquella lejana guerra o por la forma del techado. No creo que nuestros grillos fueran a la zaga de los coreanos en lo que a estruendo nocturno se refiere.


Por la noche los mayores jugaban al póquer y se llegaban a juntar 10 ó 12 grandes coches, Packard, Chrysler, Pontiac o Citroën 15 ligeros. El más pequeño era el Fiat Balilla de don Vicente, capitán retirado de la marina mercante casado con doña Herminia. No tenían hijos y eran parientes pobres de los amos de la dehesa. El Balilla era de dos plazas bajo la capota, más otros dos asientos que se descubrían en la parte posterior, donde hoy los coches llevan el maletero. Me gustaba ir atrás, cara al viento, tragando el polvo de los caminos sin asfaltar y mirando los taludes de tierras amarillas como el asperón.

A las interminables partidas de póquer se apuntaban algunos aviadores de la Academia General de San Javier, además de Ernesto, que era el administrador de la finca y el matrimonio Maura, Juan y Menchu. Él era gerente de la Unión Salinera Española y mi padre llamaba a Menchu Maura “la leona de Castilla”.


El mundo de los adultos me parecía perfecto. ¿Qué más se podía pedir a la vida que levantarse tarde, comer con gusto y sabiduría levantina, hacer sobremesa jugando al dominó, dormir larga siesta, cenar con amigos alegres y charlatanes, y luego jugar al póquer hasta la madrugada? Y ello por no hablar de los habanos, o del whisky legítimo, en un país en el que no había de nada o era ilegítimo.

lunes, 24 de mayo de 2010

AL VIEJO ESTILO IV


( capítulo cuarto )
Tan lejos quedaba el pueblo más cercano, que cada semana había de pasar por las casas de la dehesa una galera grande llena de telas, puntillas de encaje, jabones y productos de olor. No existían las cremas de protección solar. La Nivea ayudaba a freírnos al sol, quemaduras que se aliviaban por la noche con paños mojados en vinagre. El comerciante que llevaba el carruaje, tirado por dos mulas enjaezadas, era conocido como“El Corsario”y, hecho el trato, nos regalaba caramelos caseros con sus manos de corsario levantino.

Conocíamos el valor de las cosas y la lógica de heredar camisas o abrigos de los hermanos mayores. Para sacar o meter pinzas o dobladillos, poner o quitar hombreras, o dar la vuelta a chaquetas o saharianas estaban las modistas que iban a coser a las casas en las máquinas Singer de pedales. Guadalupe se llamaba la nuestra de Madrid. Llevaba el pelo acardenalado en permanente achicharrada y tenía un novio torero o casi.

En las fiestas mayores y en algunas menores, en la casa de los peones camineros los labradores y tractoristas aradores hacían un baile, con laúdes y bandurrias. El aparcero que mejor tocaba la mandolina, a púa, se llamaba Tomás “El de la Alfalfa". Las mozas le festejaban y le buscaban las vueltas, de galán que era. Hice buenas migas con él, y al caer la tarde me dejaba acompañarle a segar con hoz alfalfa para echarla de comer a los conejos, que bien que servían para el arroz cuando no era temporada de caza.

Bien mirado, me parece que en aquella bendita dehesa las vedas no se respetaban escrupulosamente y las parejas de la Guardia Civil que hacían sus rondas a pie eran tratadas con gran consideración. Más de una vez les vi recibir un par de cartones de Chesterfield de contrabando,traído por los barcos extranjeros que venían a cargar a las salinas de San Pedro del Pinatar o a las de Torrevieja. También circulaba el Pall-Mall largo y sin filtro, así como el rubio inglés de Virginia que decían Navy Cut. Éste último fue causa próxima de mi primer y no grato encuentro con el cigarrillo.

( Zacarías Cerezo, acuarela de las salinas de San Pedro del Pinatar )

sábado, 22 de mayo de 2010

AL VIEJO ESTILO III



 ( capítulo tercero )

El monte bajo estaba lleno de caza menor y la sala de trofeos de la Casona colmada de cuernas de venado y colmillos de jabalíes. Caza mayor nunca vi, entiendo que por exterminada. Sí me topé, mil veces, con liebres, conejos libres de mixomatosis, tejones, lirones y ginetas. La rapacidad de los zorros obligaba a cuidar muy mucho del estado de las vallas y cercas de los corrales de gallinas, pavos y patos y de las cochiqueras de los cerdos. En las cocheras para las galeras y tartanas colgaban jaulas con hurones presos de angustia, que se empleaban para cazar conejos dentro de sus madrigueras Otros jaulones guardaban presas perdices para cazar al reclamo.

Las salamanquesas de las paredes, los lagartos de las peñas y los alacranes que salían a la luz cuando los tractores preparaban los barbechos eran víctimas de mi curiosidad de aprendiz de naturalista, que demandaba escudriñar los ejemplares de bichos que iba metiendo en los tubos de cristal que quedaban vacíos de aspirinas o tabletas okal. A la noche, las salamanquesas eran verdaderas artistas comiendo los mosquitos que acudían a las escasas luces que arrojaban bombillas de 40 vatios.

En jornada de caza un cazador urbano y novato pegó un tiro involuntario a un hermoso perro perdiguero y vi llorar a su amo. Yo lloré como una Magdalena, pero nadie me lo notó, que ya me cuidé muy mucho de esconderme. Unos invitados llevaron un caniche que bebía café con leche.

Mi otro afán naturalista, nunca satisfecho, me empujaba a intentar reproducir en casa los acuarios que el mar formaba al retirarse de las rocas que separaban la pequeña ensenada de la gran playa de arenales en dunas. Me empecinaba en esperar a que la ola marchase para correr, costaladas de por medio a causa del verdín de las algas, a observar el pequeño y perfecto mundo de algas, pececitos, cangrejos y caracolillos de mar que se me ofrecía, hasta la siguiente ola, en los huecos trepanados en las peñas volcánicas.

domingo, 16 de mayo de 2010

AL VIEJO ESTILO II



( capítulo segundo )

Aquellos calurosos y asilvestrados veranos de mil leguas imprimían carácter. La luz de Levante y la cálida naturaleza de una finca de monte bajo mediterráneo, con sus bancales de labor, invitaban a vivir a la pata la llana. Sin más contacto con el mundo de afuera que los viejos aparatos de radio que sólo recibían, y eso por la noche, emisoras árabes del otro lado del Mediterráneo y, nunca supe por qué, Radio Andorra. Una voz puntiaguda de una chica cantaba “aquí Radio Andorra, emisora del Principado de Andorra”. Yo me sentía bienaventurado y en mi elemento. Había caído de pié en una especie de rústica felicidad que adormecía los espíritus pero mantenía bien abiertos mis sentidos.


En mi colegio apenas si mandaban tareas para el verano, salvo la de rellenar un cuaderno de vacaciones y el ritmo de cada jornada era muy parejo al propio de los labriegos y jornaleros, cuyas familias vivían en casas diseminadas por la dehesa. Las faenas del campo marcaban el día a día. Cuando empezaba el veraneo era ya la época de trillar con mulas en las eras, la de recoger tomates y pimientos, melones y sandías, y las frutas y verduras de las huertas que se regaban con agua de pozos y acequias.

Si la cosecha de tomates y pimientos era muy grande, las mujeres de los jornaleros se afanaban en abrirlos por mitades y extenderlos a secar al sol en las eras, cuando éstas habían cumplido ya su función y el grano estaba recogido y entrojado. Algunas noches era preciso y precioso tirar cohetes en las eras para provocar que los conejos salieran disparados y dejasen de comerse los pimientos ya medio secos. Recuerdo muy bien que, a la mañana siguiente, deshacíamos con la mano las cagarrutas de los conejos y nuestras palmas se quedaban llenas de un polvo seco que era puro pimentón.
 Eran noches en que habíamos de encerrar a los dogos que guardaban la Casona. Ena se llamaba la perra madre. Sus cachorros, blancos y negros, eran primorosamente bellos.

jueves, 13 de mayo de 2010

AL VIEJO ESTILO I



Por disposición paterna mi familia veraneaba un año en Granada y otro en la dehesa de Campoamor, provincia de Alicante. Veranear significaba pasar fuera de Madrid los tres meses del estío, más una propina hasta bien entrado octubre, hora de enjaularse en el colegio.

La dehesa era propiedad de unos amigos de mis padres, sin hijos. Dos mil quinientas hectáreas de pino carrasco, lentiscos, algarrobos y almendros, con costa propia, en medio de aquella España pobre y autárquica. Aún no se olfateaba la llegada del turismo ni los villanos atentados contra la ecología y el buen gusto que traería de su mano el estirón económico de manos puercas. ¡Torres de hormigón a orillas del mar! ¡Habráse visto!

Fuimos, sin saberlo, la última generación que pasó sus vacaciones al viejo estilo. Nadie nos obligaba a estudiar idiomas o cosas útiles para el futuro. El tiempo, infinito, era todo para nosotros. Aprendimos a no hacer nada, como enseña el TAO. A no hacer-haciendo.

La vieja casa ,con más años que un palmar, quedaba retirada del mar. Una tartana con una mula nos llevaba al baño diario en la caleta de la playa Yo solía ayudar a Pepe, “el de la tartana”, a enganchar la mula al carruaje, operación que requería tener muchas manos, y más para un crío de ciudad.

Cabe al mar,cambiábamos nuestras ropas en una casita que llamaban “La Barraca”, que tenía un aljibe con agua dulce. “La Barraca” estaba decorada con redes, boyas de grueso cristal verde, salvavidas de corcho y estrellas y conchas de mar. La hélice del motor fuera de borda se sumergía, para protegerla del salitre, en una gran barrica con agua dulce. Después del baño en el mar nos quitábamos la sal de la piel por el sencillo procedimiento de verternos encima el agua de unos barreños templados al sol en el patio de la barraca.

Algunos días la yaya Sagrario llevaba a la playa unos cestos de mimbre para alargar los baños hasta la noche. Tortillas de patatas, filetes empanados, ensalada de pimientos rojos y verdes, sandías y melones puestos a refrescar en lebrillos con barras de hielo cubiertas con sacos. Higos y brevas dulces, albaricoques de secano, melocotones pequeños y prietos. La siesta se dormía en colchonetas de paja sobre el suelo empedrado de guijarros y cantos rodados del porche de la barraca.

domingo, 9 de mayo de 2010

GRANADA, MI ALJIBE VII


                                                                        

El capataz cumplió con el rito de las noches de verano pasando a dar las buenas noches a las once en punto. Preguntó:

-Ama ¿será inanormal el señorito?

Me gustó su diagnóstico, que por prudencia formulaba en interrogación. Prefiero ir solo como el espárrago antes que nadar en cardumen. ¡Me niego a ser más tonto que un hilo de uvas!

Mi madre contestó:

-Frasquito, ¡válgame Dios! Sus gallinas han estropeado en la siesta mi macizo de dalias en flor. ¿Quiere Ud. una taza de café?

Mi padre pidió la caja de tabaco de picadura y ofreció a Frasquito. Era buen tabaco, de hoja y de contrabando. Mientras los mayores liaban sus cigarros con parsimonia y papel Bambú, mis hermanas me comprometían con señas y dengues. Querían saber sí, y cuántas veces, había hecho aguas mayores y menores en el aljibe, durante mi encierro experimental. ¡Qué jodías las crías!

Pedí permiso para retirarme a mi habitación, que obtuve tras recibir la bendición materna junto a la señal de la cruz en la frente:

-Que la Virgen y los santos te acompañen, hijo.

Dormí hondo y de seguido. Soñé con ellos. Son buenos y se comen las larvas y los gusanos del agua. No molestan, no gritan y no abusan de los más débiles. El gitanillo se alejaba por la plaza de Bibarrambla cantando:

-¡Galápagos para el aljibeeeee!

Al abrirse el día escondí en el horno del secadero de tabaco el cráneo y la tibia que, humanos fósiles, había subido del fondo del aljibe. Siempre se ha dicho que cada familia guarda un cadáver en su aljibe. Los restos de nuestra momia tribal, míos son porque están aquí, en mi escritorio. Me advierten de dónde vengo, a dónde voy y cómo se las gasta mi gente.

Mi mesa de escribir, mi cuarto-leonera, mi perra y los huesos con mi propio ADN, son los únicos juguetes que tengo. Con ellos me encierro, a solas, para escribir variaciones sobre el mismo tema.

(En lo que se refiere a la ilustración del papel BAMBÚ )

sábado, 8 de mayo de 2010

BUKOWSKY, REALISMO SUCIO


La sombra de Charles Bukowski (1920-1994) se extiende por toda la ciudad de Los Ángeles. Era un viejo indecente, todo el mundo lo sabía. Un ludópata, un alcohólico y, en demasiadas ocasiones, un violento. Un canalla, en suma.

Bukowski era un mentiroso. A veces contaba que nació en California, pero en realidad lo hizo en Andernach, Alemania, en 1920. Hijo de inmigrantes, dio sus primeros pasos Los Ángeles. Luego se mudó. Y así una y otra vez. De pequeño nunca se planteó qué quería ser. De mayor tampoco, confesaría después.
Bukowski pasó la adolescencia frustrado y con la cara llena de granos Era un chico tímido, callado y solitario. No tuvo ni novias ni amigos.
En 1939 se graduó en Los Ángeles High School , como cuenta en su novela "La senda del perdedor", y entonces fue cuando todo cambió. Una tarde, ojeando las estanterías de la Biblioteca Pública de Los Ángeles , descubrió "Pregúntale al polvo" de John Fante y, con él, el llamado realismo sucio.
Fue acumulando trabajos uno tras otro como cromos de una colección. Escribió alguna poesía, algún relato breve, pero no fue hasta los 51 años cuando vio que podía ganarse la vida con la máquina de escribir y publicó su primera novela, Cartero.
Entre tanto encontró un empleo como funcionario de correos y se casó con Barbara Frye, alter ego del personaje de Joyce en Cartero. La relación no duró demasiado y al poco tiempo se divorciaron. Después conoció a Frances Dean en un lúgubre antro del Hollywood este. Con ella tuvo a su única hija, Marina, que nació en 1964.
Bukowski era un hombre muy poco atractivo y no fue hasta que empezó a tener éxito como escritor cuando las mujeres comenzaron a acercarse a él. Como la relación con Frances Dean tampoco cuajó, conoció a la escultora Linda King, con la que mantuvo una turbulenta aventura de amor, maltrato, gritos e infidelidad durante varios años. Con ella no se casó, pero sí con Linda Lee Beighle, que se convertiría en su última pareja.
Los 70 fueron una buena época para Bukowski. Empezó a ganar nombre como escritor y, con él, mucho dinero. Además de jugar a las apuestas, se permitía el lujo de ir a comer al restaurante Musso & Frank Grill, uno de los más populares entre las estrellas de Hollywood. Allí solía pedir cordero y vino blanco dulce para acompañar. Lejos quedaban los años de malvivir, pasando de pensión en pensión y de casa en casa.
Fue su época más tranquila. Pasaba las tardes en el hipódromo de Hollywood Park. Por las mañanas se dedicaba a escribir poesía en el patio de su casa y comenzó a recoger gatos de la calle. Aunque había llevado una vida de excesos, disfrutó una considerable buena salud hasta el final. Tras recibir quimioterapia en el tratamiento contra la leucemia, Charles Bukowski murió el 9 de marzo de 1994.



( Esta entrada es una condensación y reducción, a la mitad de su tamaño original, de una crónica publicada por Sergio Sauce en El País )

jueves, 6 de mayo de 2010

LUZ ¡NO SUFRAS!


( foto del autor )

¿Nunca se despierta en tí
 un recuerdo,
como en mí,
de un amante que se fué...?
Ayer me pasó a mí...

¡Rigoroso ritornello ritenuto!

martes, 4 de mayo de 2010

HOMBRE QUE SUEÑA


( foto de Patrick Faigenbaum )

El hombre que duerme sueña que está soñando y que es una lástima que ya no le duela el dolor.

El hombre que duerme se desdobla. Su espíritu deja el cuerpo tendido en la cama y le observa desde el techo. Ve un niño con gato y foto de ancestros.

¡Qué manos tan pequeñas tiene! Se apiada de él y se encierra de nuevo en su cárcel de materia.

El espíritu sueña que está en el patio con aljibe.

El cuerpo piensa que cada etapa es un libro. Unos versos. ¡Un beso!

El cerebro ordena a la conciencia que perciba el azul de lo azul.

La luz, arriba. Abajo, raíces. Lo perdurable resta dentro.

lunes, 3 de mayo de 2010

ETERNIDAD



La eternidad es ahora. No es más que la conciencia aguda 
de lo que está ocurriendo en este momento.
Y nada más. Apenas nada más.

lunes, 26 de abril de 2010

EN EL ALEJAMIENTO DEL AMOR



Mañana de abril.
En el alejamiento del amor,
las rosas se asolanan a su pesar.
El hombre recuerda que un poeta miró
por su ventana y vió el mar...
y a una niña que iba en bicicleta.

jueves, 22 de abril de 2010

MIRADAS PLATEADAS


Muchachos: ¡no me miréis como
si no llevara ropa interior!
¿Acaso tenéis ilusiones plateadas? 

sábado, 17 de abril de 2010

EL HOMBRE QUE ESPERA






Aprendo a usar un telefonillo portátil. Les dicen “móviles” o "celulares". Si llamo a una mujer de las nuevas siempre se acaba su batería a poco de empezar a hablar.

Las chicas me dicen:

- Te llamo luego, cuando llegue a casa.

Deben dormir en el parque porque el móvil no suena luego. ¿Cuándo es luego?

Una hora. Pasa una hora de la acostumbrada para la cena.

- Ahora no puedo hablar. Voy conduciendo, no tengo manos libres ni apenas cobertura y la batería se está muriendo.

Pido un vino y apunto en mi cuadernito. Sumo. En los últimos tiempos, desde que desperté en la clínica, he invertido en esperar el advenimiento de ellas quinientas veinticinco horas con cuarenta minutos. Toda una vida.

- ¿Quedamos ya para mañana?

- Mejor te llamo luego. Cuando llegue a casa.

Nada.

Al día siguiente manda un mensajito de letras:

- Lo siento. Estaba cansada y me dormí viendo la tele.


Natural.

- Quedaste en llamarme.
- No pude. A mi prima le dio un cólico nefrítico. La llevé a urgencias en Alcalá.

- Voy en un taxi. La calle está cortada y hay un tapón enorme. No me esperes. Te llamo luego.

He pasado de ser el hombre que duerme, a ser el hombre que espera.

- No me esperes que tengo que sacar al perro.

- Ya. Claro. Lo que pasa es que ya he esperado una horita. ¿Me la devuelves? insinúo.

- Ahora no puedo. Te llamo luego. No tengo saldo. Me dice.

- ¿Por qué no me llamaste ayer? me dice

- Quedaste en llamar tú, contesto.

- ¿Y eso que tiene que ver?, replica.

- No quería agobiarte, susurro.

- Corazón, contigo nunca se sabe. ¡Eres más rarito!, termina.

- A ti te pasa algo… ¿Tienes novia? acusa

- Ya sabes que no.

- Hay algo que no te gusta de mí.

- No es eso. Me gusta todo de ti menos tú cuando te pones imposible.

- ¡Anoche me colgaste!, me dice ella.

- No quería discutir. Nos hubiéramos dicho cosas irreparables, le digo yo.

- Pues dímelas ahora, añade.

- Cuando me veas triste y malhumorado, todo lo que tienes que hacer es quitarte la ropa. Tu desnudez me hace vulnerable, contesto.

Aburrido y solitario repaso los mensajes que he recibido hoy:

- Sí, pero más tarde. No tengo batería…

- ¿Ya se te pasó el cabreo?

- Anoche te encontré muy raro. Espero equivocarme.

- ¡Hola! Ayer me lié y después me fui a la camita. Besitos muchos.

- Hazme una perdida, que estoy en el trabajo.

- Salí del fisio y te hice una perdida. Cené y me dormí.

- Toc… toc… ¿Me llamas luego?

- En ké stás pensando en ste instante?

- Gracias por todo. Igualmente.

- Cuando kieras.

- Hola! Ya te has olvidado de mí…? Besos.

- ¿Duermes?

- ¿Te veo mañana?

- Pienso en ti y…

- ¡He soñado contigo!

- Mañana te veré.

Pero nunca llega ese mañana.

- ¿A qué hora vendrás?

- A la que tú quieras, contesta.

- Quiero ahora.

miércoles, 14 de abril de 2010

UN ARMA EN SU MANO XXXII


                                                                      (...es continuación)
                                                           Cortesía de SMITH & WESSON

Fué en un speakeasy, uno de los muchos que Mono instaló durante la prohibición, creo que era en la calle 30, uno de los más "à la dernière", ¿recuerdas?
     
Lo de hablar en susurros era solo una ironía. Allí se iba a pecar sabiendo que la absolución estaba incluida en el precio del trago. Apenas si se dejaba caer por allí algún federal cuando necesitaba un aumento en su coima. Por lo demás, el “gin tonic de la bañera” seguía siendo la bebida estrella, e igual te topabas con el hijo del gobernador que con el fiscal del distrito.

¿Cuántos malditos años hace de todo eso? Esta mañana el espejo lleno de vaho no acabó de despertarme, la niebla en mi cara, seguía perteneciendo al confuso territorio de los sueños, y sin embargo…

Hace mucho tiempo que a esta casa no la puedo llamar así, solo es una perra oficina con alma de neón, un barco varado en mitad de la noche del Downtown, que acoge las manías de alguien acostumbrado a no aguantar más que a sí mismo. ¡Qué remedio!

Miro por la ventana... un ferry se aleja hacia Jersey. Una pringosa melancolía me acompaña. Me preparo un vodka tal como a ti te gustan. En vaso bajo, con lima exprimida, agua mineral con gas, y mucho hielo.

Mientras me pinto los labios me explico a mí misma los sueños para ayer y los deseos para nunca jamás. ¡Qué fracaso tan constante!.

“Has estado a punto de curar a una romántica incurable”, -me digo-.
Pero no duele, ya no.
“No comprendo nada”, -me oigo decir con voz de vieja solitaria-, “nunca sabemos por qué amamos ni por qué dejamos de amar.”

Escuché el timbre y recorrí el pasillo con el arma en la mano.

Me acometió la certeza de que no recordaría la fecha ni la hora en que te iba a freír a tiros.

sábado, 10 de abril de 2010

CARTIER-BRESSON



"Fotografiar... es poner sobre la misma línea de mira la cabeza, el ojo y el corazón. Es una manera de vivir". Henri Cartier-Bresson

jueves, 8 de abril de 2010

UN ARMA EN SU MANO XXXI


                                                             
                                                                      (...es continuación)
                                                           Cortesía de Mme De Stael

Me cansé, Mono, pura y simplemente, me cansé de andar siempre con mano escasa. No soportaba lavar más grasa de cabezas tiñosas en aquella peluquería de mierda del West Side, de limar las uñas a tanto marica disfrazados de macarrillas de bolera, de sonreír y contonearme por cada dólar de propina metido en el bolsillo del uniforme mientras me pellizcaban el culo, sin puta gracia alguna.
Así que decidí aceptar la invitación de O´Neill para pasar un fin de semana en los Hamptons, dado que su dulce mujercita llevaría a sus monstruos cuellicortos a visitar a los abuelitos.

Sé que no soy nada original, ni zorras ganas que una tiene de serlo. No me ando preguntando por qué el mundo es una mierda, solo quería que dejara de ser una mierda para mí o que hubiera mierda para todos.

Pero, ¿sabes?, no me sentí humillada ni horripilada cuando le ví acercarse sudoriento en Central Station, con aquella rijosa sonrisa gelatinosa que dejaba ver un diente de oro al lado del colmillo izquierdo. El muy hijo de mala madre tendría poder, dinero, y un precioso abrigo de vicuña, pero yo era una guapa pelirroja un poco perdida, como solamente puedes estarlo con veinte años, sin familia ni un puto pavo en el bolsillo.  

Mi madre me decía que las mujeres nacemos para tocar una melodía, y que, con suerte, algunas logran cambiar la letra. “Está bien mamá”-pensé cuando subía al tren en first class- “ha llegado el momento de cambiar la letra. ¿No dicen que hay corrupción? ¡envido mi resto!”

lunes, 5 de abril de 2010

ORO CON PIOJOS


Quevedo: "Piojos cría el cabello más dorado"


Un volumen rescata parte de la poesía satírica, erótica, política y moral inédita del poeta del Siglo de Oro .
Lo descubrió sin proponérselo la filóloga María Hernández que viajó a la localidad portuguesa de Évora para consultar la biblioteca pública. Allí se aloja, entre otros documentos del siglo XVII, el códice CXIV/1-3, conocido como manuscrito de Évora, con textos atribuidos a Francisco de Quevedo y Villegas (1580-1645), uno de los autores cumbre del Siglo de Oro de la literatura española. Hernández, profesora de filología hispánica en la Universidad de Barcelona, sólo quería practicar unos ejercicios de transcripción paleográfica (copiar textos de documentos antiguos). Pero cuando volvió a casa advirtió que los versos que había transcrito en 200 páginas no se encontraban entre las obras completas del poeta. Es decir, había descubierto textos inéditos.


Se trata de versos satíricos, políticos, morales y eróticos que denotan "un dominio inigualable del lenguaje", según ha indicado la filóloga a Efe. Todo ese corpus se publica ahora en el volumen Poesía inédita, editado por Libros del silencio, con un prólogo de Pablo Jauralde Pou, catedrático de Literatura española del Siglo de Oro de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), especialista en Quevedo.


Hernández admite que con estos inéditos se ha adentrado en la delicada cuestión de asignar nuevas obras a Quevedo, "a quien se atribuyó mucha poesía política, erótica y pasquines, sobre todo, durante el tiempo que pasó en prisión". Se le utilizó para convertirle en autor de poemas de crítica política.
Hernández concede que las atribuciones son "siempre discutibles" pero subraya que ha cotejado los textos en busca de "concordancias en el vocabulario, imágenes y sintaxis con el resto de la obra poética quevediana". El marco de referencia ha sido el de las Obras Completas del poeta madrileño elaboradas por el catedrático José Manuel Blecua. Este especialista, explica Hernández, no se adentró en el manuscrito porque la edición de las Obras Completas lo tenía absorbido, "teniendo en cuenta que era un investigador solo, era un trabajo ingente".


Así, entre la criba, la especialista destaca sátiras como "Piojos cría el cabello más dorado,/ legañas hace el ojo más vistoso,/ en la nariz del rostro más hermoso/ el asqueroso moco está enredado". También recuerda el soneto 'A la pobreza', cuya primera estrofa reza: "Hambrienta, rota, inquieta, disgustada,/ pálida, débil, triste y congojosa,/ cortés, humilde, inútil, ingeniosa,/ baja, ruin, civil, ocasionada".

La filóloga avisa de que es fácil descubrir textos inéditos de autores del siglo XVII. "En este periodo Portugal es una mina, porque perteneció a la Corona española entre 1580 y 1640". De hecho, la propia Hernández rescató hace dos años dos cartas autógrafas de Quevedo. En la literatura del Siglo de Oro "queda mucho por hacer", añade. Como "vaciar los cancioneros [recopilaciones de poesía] o catalogar los fondos de las bibliotecas". Una tarea difícil porque "falta personal" y "hay pocos investigadores que vayan a los lodos de la literatura, es decir a las fuentes, que es un trabajo muy ingrato", reconoce.

                                             (Foto del autor. Texto El País)

sábado, 3 de abril de 2010

NO DAR ABASTO

(foto Willy Ronis)

Digo yo si el hombre que baila con dos mujeres
dará  abasto con ambas hembras de tronío...