Este relato ha sido escrito por Hac Marín,
amigo que hace de hermano menor de muchas de mis cosas...
Se trata de la segunda parte de "Malos pasos"
Mientras ascendía mediante el rápido batir de unos aleteos todavía inexpertos, Fructuoso, alias “el pajarillo”, se percató de que todo él estaba revestido de plumas, pequeñas sí, pero plumas reales, que tapizaban su cuerpo y formaban dos alas que le alzaban a lo más alto.Siguió subiendo con atropellados movimientos y cuando ya estaba bastante alto en los cielos, divisó de repente y más arriba aún, una figura humana que resplandecía.
Se dirigió hacia ella, casi con la temerosa esperanza de encontrar respuesta a lo sucedido en el hotel…. Poco tiempo le costó llegar ante una figura inmensa que iba creciendo por instantes, y que la avecilla fructuosa identificó como el San Pedro de su catecismo. La sonrisa del apóstol frenó en seco el vuelo del pajarillo.
Aún cuentan las crónicas que, en realidad, San Pedro quitó hierro al asunto de las "benditas" curvas de terciopelo y a la subsiguiente fatalidad que en ellas se originó.
Para demostrárselo, el apostól -denegada por ahora su entrada en la "eternidad"- , al tiempo que se carcajeaba del “pajarillo”, le enseñó el culo en rápido movimiento para, a continuación, mandarle de vuelta a la tierra.
Fue breve el contacto entre ambos. Un infinito espacio de tiempo que inundó de nubes la minúscula cabeza de Fructuoso. Dicen que, años más tarde, aún recordaba con deleite y franca sonrisa que, un lejano día, el mismísimo San Pedro le enseñó el culo, quizá para darle a entender que, a lo mejor, podría seguir su camino unos años más.
Para Manuel, en la ciudad.
Hac Marín



