Mostrando entradas con la etiqueta GRILLOS. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta GRILLOS. Mostrar todas las entradas

miércoles, 26 de mayo de 2010

AL VIEJO ESTILO V


( capítulo quinto )

Las personas mayores jugaban después de comer al dominó, a la sombra de un tejado de brezo, que cubría un jardín redondo en cuyo centro había una fuente con un surtidor y unos peces transparentes que se decía servían para comerse las larvas de los mosquitos. El jardín se llamaba “Corea”, supongo que por aquella lejana guerra o por la forma del techado. No creo que nuestros grillos fueran a la zaga de los coreanos en lo que a estruendo nocturno se refiere.


Por la noche los mayores jugaban al póquer y se llegaban a juntar 10 ó 12 grandes coches, Packard, Chrysler, Pontiac o Citroën 15 ligeros. El más pequeño era el Fiat Balilla de don Vicente, capitán retirado de la marina mercante casado con doña Herminia. No tenían hijos y eran parientes pobres de los amos de la dehesa. El Balilla era de dos plazas bajo la capota, más otros dos asientos que se descubrían en la parte posterior, donde hoy los coches llevan el maletero. Me gustaba ir atrás, cara al viento, tragando el polvo de los caminos sin asfaltar y mirando los taludes de tierras amarillas como el asperón.

A las interminables partidas de póquer se apuntaban algunos aviadores de la Academia General de San Javier, además de Ernesto, que era el administrador de la finca y el matrimonio Maura, Juan y Menchu. Él era gerente de la Unión Salinera Española y mi padre llamaba a Menchu Maura “la leona de Castilla”.


El mundo de los adultos me parecía perfecto. ¿Qué más se podía pedir a la vida que levantarse tarde, comer con gusto y sabiduría levantina, hacer sobremesa jugando al dominó, dormir larga siesta, cenar con amigos alegres y charlatanes, y luego jugar al póquer hasta la madrugada? Y ello por no hablar de los habanos, o del whisky legítimo, en un país en el que no había de nada o era ilegítimo.

lunes, 15 de marzo de 2010

UN ARMA EN SU MANO XXVIII

(es continuación...)
Texto de Cecilia Faber-Castell

Cogí los ochocientos pavos y salí corriendo de aquella jaula de grillos.
Me entran náuseas, como siempre que debo decidir entre dos malas opciones, en esas jodidas encrucijadas en que sabes que, hagas lo que hagas, la pifiarás, y no por ello dejas de escoger. Puta vida…

Vierto agua caliente sobre el té verde de Longjing, cumpliendo el ritual que Lieng Tzu me enseñó cuando compartíamos celda, y un color amarillo cálido comienza a contagiar la porcelana de celadón.

“La vida tiene su destino, en cambio la fortuna depende de la providencia”, así hablaba Lieng Tzu tumbado en el catre de la celda, mientras hacía girar la tetera en sentido inverso a las agujas del reloj, vertiendo el precioso líquido sobre el cuenco. Viendo sus manos acariciar delicadamente la porcelana, nadie diría que era uno de los más antiguos y eficaces jefes de la mafia china, que continuaba dirigiendo desde el penal.

Suave y gentil, así es el Longjing y así era ella en aquellos días en que no salíamos de la cama más que para abastecernos en la cocina de té, galletas, naranjas, o cualquier cosa que nos diera fuerzas para llegar a la siguiente madrugada. De buena mañana ella se marchaba al encuentro del cornudo de su marido.

No me molestan especialmente los imbéciles. Si no fuera por ellos no apreciaríamos en su justa medida a los que no lo son. Imbécil y corrupto, combinación frecuente entre políticos engañanecios.

Los lectores/as que gusten de empezar por el principio, pueden acceder al capítulo I pinchando aquí:
 http://manuelmariatorresrojas.blogspot.com/2010/01/un-arma-en-su-mano.html                                                                                               (continuará...)