(foto tomada por el autor)
Escribir es la cosa más libre y barata que existe, aunque
puede encorsetarse y encarecerse tan grata actividad si nos apuntamos a un
taller de escritura.
Hoy en día es muy corriente que los ciudadanos, aborregados
y amansados por las estructuras sociales y por los sistemas educativos, políticos
y medios de comunicación, se entreguen con fruición al muy discutible deporte
de pagar matrículas y abonos por todo tipo de cursillos, seminarios y otras
zarandajas de ese tenor.
¿Que se encuentra usted un poco gordo? Pues, hale, a pagar
la cuota de inscripción en un gimnasio.
¿Le tienta a usted la idea de escribir un diario? Taller de
escritura al canto.
¿No sabe usted saludar en inglés? Academia que te crió.
¿Tu perro se niega a comer lo que guisas? Curso de cocina mediterránea
¡marchando!
Conozco a un tipo que quería viajar a China con el Corte
Inglés y no se le ocurrió cosa mejor que apuntarse en una academia para
aprender el mandarín.
Los cursos para aspirantes a fotógrafos son muy demandados
por personas que no tomarán más instantáneas en su vida que las de su suegra y
sus retoños.
No sean ustedes lilas, que bastantes cuartos no saca ya el
Estado.