(autorretrato)
Mi
lumbago y yo viajamos a Croacia. En el hotel de Dubrovnik pregunto por la sala
de reuniones. Me atiende una croata maravillosamente guapa. Por la terraza que
da al mar pasea otra damisela preciosa. Hoy puede ser un gran día, ¡duro con él!
Asisto a una reunión del Comité Ejecutivo de la Federación de Coolhunters y
Trendsetters de la Unión Europea.
Mr. Gally (Reino Unido) lleva la libreta Moleskine -un taccuino legendario- que yo intenté comprar en Vinçon, en modelo equivocado. En vez del ruled notebook me llevé el japanesse pocket album. Entra en juego una traductora que habla francés peor que yo: vamos, que no se entiende un carajo.
En la habitación han dejado como regalito un Penkala, Budapest. Es el “lápiz mecánico” más antiguo del mundo (1911). Es precioso, pero no acierto a comprender su mecanismo que, por otra parte, parece escueto. Me dediqué a las letras porque soy incapaz de desentrañar el mecanismo de un chupete.
Navegan barquitos para turistas. De cascos elegantes, de madera, achatados, viejos.
M. Guido (Bélgica) no sabe hacer funcionar el micro. Que no le funciona el aparato, aunque me esté mal el decirlo. Sólo hay uno por banda. Y la mesa es enorme. Toma la palabra Mario Moreno Cantinflas, de Chipre.
Mr. Gally (Reino Unido) lleva la libreta Moleskine -un taccuino legendario- que yo intenté comprar en Vinçon, en modelo equivocado. En vez del ruled notebook me llevé el japanesse pocket album. Entra en juego una traductora que habla francés peor que yo: vamos, que no se entiende un carajo.
En la habitación han dejado como regalito un Penkala, Budapest. Es el “lápiz mecánico” más antiguo del mundo (1911). Es precioso, pero no acierto a comprender su mecanismo que, por otra parte, parece escueto. Me dediqué a las letras porque soy incapaz de desentrañar el mecanismo de un chupete.
Navegan barquitos para turistas. De cascos elegantes, de madera, achatados, viejos.
M. Guido (Bélgica) no sabe hacer funcionar el micro. Que no le funciona el aparato, aunque me esté mal el decirlo. Sólo hay uno por banda. Y la mesa es enorme. Toma la palabra Mario Moreno Cantinflas, de Chipre.
La isla de enfrente está cubierta de cipreses, pinos, olivos e higueras. De genistas que estallan de amarillo. Y de lentiscales.
Observo a mis colegas y a otros animales presentes en la sala. El polaco: Jerry Lewis; la francesa: la gorda dormita; el irlandés: un peso pesado, la gran esperanza blanca; el islandés: se quita los zapatos y encima le pago el taxi, ¡vaya jeta Querejeta!; al danés le ha dado “un aire”, se ha quedado horas con el brazo levantado y un boli en la mano, no para pedir la palabra: es un aire, lo juro.
Ya es mañana, y hoy va de trabajo con los países asociados a la Unión Europea. Albania, Bulgaria, Rusia y otros. Rumania también. Mi colega rumano ha viajado once horas seguidas en bus. Supongo que el vehículo tendría retrete. Es “clavaíto” a Ceaucescu, espero que en lo físico solamente. La chica búlgara tiene rasgos orientales y es estática como la Preysler.
Hace bochorno, tal vez para compensar el frío que pasé anoche durante la cena en una terraza abierta al mar Adriático. Las voces de los cantores croatas eran preciosas, bien timbradas y con tonos que se doblaban y superponían.
He advertido a la asociación croata que me borre del programa náutico de mañana sábado. El “jodío” lumbago me dejará en tierra. No pienso mandar a mi espalda a luchar contra los elementos.
Trust and credibility. Todos los países presumimos de códigos de buenas prácticas, precisas legislaciones antiblanqueo y contra la competencia desleal, de severas leyes y lindos códigos de buen gobierno, ¡qué bonita es Barcelona, perla del Mediterráneo!, ¡los pajaritos cantan y las nubes se levantan!
Independencia. Professional ethics. Mercados libres autorregulados por una sana competencia, ¡viva España!, ¡transparency!
Todo puro cuento.



